Constelación Andrómeda
Norma L. Vázquez Alanís
Los amantes de la literatura sabemos que, en centurias pasadas, los autores se refugiaban en la soledad para escribir, pero en este siglo XXI dominado por la tecnología que genera una distracción constante, es cada vez más difícil mantener un estado de concentración prolongado; la era digital no solo ha cambiado las formas de consumir literatura, sino también la manera en que los escritores crean y publican sus obras.
El entorno plagado de interrupciones digitales hace que algunos escritores utilicen aplicaciones que bloquean los distractores mientras trabajan, pero además enfrentan la sobrecarga de contenido, pues las plataformas de autoedición (como Amazon) han democratizado la publicación de libros sin pasar por los procesos de las editoriales tradicionales, y destacar en un mercado saturado se convierte en una tarea titánica para el autor.
Así, muchos escritores se ven obligados a generar contenido en múltiples formatos para captar la atención de diferentes tipos de audiencias; los vídeos, los podcasts y las publicaciones en blogs o redes sociales, se han convertido en extensiones naturales de la obra escrita, lo que para un autor centrado en la narrativa tradicional genera pérdida del enfoque en su principal tarea: escribir.
Otro reto que enfrentan los autores que se dedican a la literatura de formato extenso como novelas o ensayos, es que los lectores de la era digital sólo consumen contenido rápido: artículos y vídeos cortos de menos de un minuto o textos concisos por X (antes Twitter). Por ello la construcción de personajes memorables y la narrativa ágil son clave, pues si el escritor sumerge a los lectores en un universo fascinante desde el primer párrafo, la magia de la literatura funciona.
La profesora y escritora española Julia Cortés Palma asegura que, aunque escribir en el siglo XXI presenta desafíos únicos que pueden parecer abrumadores, con las herramientas y la mentalidad adecuada los autores pueden adaptarse a la era digital sin sacrificar su creatividad ni su pasión por las historias; hay que aprender a navegar en el mundo moderno sin perder de vista el arte fundamental de escribir con una perspectiva genuina y personal, la mejor manera de destacar en un mercado atestado.
RETORNO A LA ORALIDAD
La generación de los nativos digitales creó ya una nueva estética de la escritura a partir del lenguaje de internet, un código de expresión basado en la oralidad y en la ruptura consciente de las normas ortográficas, en minúsculas, sin comas ni puntos y evitando la acentuación. De acuerdo con muchos profesionales de la lengua como Carlota de Benito Moreno o Ana Pano Alamán, esto tiene que ver con el lenguaje de internet, el uso de las redes sociales y la adaptación a los teléfonos móviles inteligentes, es decir, con ciertas características del contexto sociohistórico en el que viven los hablantes del siglo XXI. Hay que entender el lenguaje como un organismo vivo y en constante transformación.
De Benito Moreno, doctora en lingüística por la Universidad Autónoma de Madrid, y especializada en el uso dialectal del lenguaje en las redes sociales, asegura que ’todo esto tiene que ver con el hecho de que en internet se da la posibilidad de escribir en un plano coloquial’. Antes la escritura casi siempre estaba restringida a planos muy formales, ahora con la inmediatez y el hecho de que la gente ’habla’ escribiendo por las redes sociales, hace que las conversaciones escritas sean propias de la oralidad con un componente identitario generacional.
Aunque las transgresiones ortográficas nacieron con un objetivo práctico para agilizar la escritura o porque antes los mensajes limitaban el número de caracteres, se mantienen porque se les atribuyen significados particulares que hoy mueven la intención estética de las palabras; así, escribir en minúsculas, sin puntos ni comas, se convierte en algo aparentemente más bonito.
Pano Alamán, la doctora en Filología Moderna por la Universidad de Bolonia, Italia, considera que los grupos sociales usuarios de WhatsApp y otras redes crean maneras de escribir y comunicarse muy específicas, marcadas por una variable que se da en todo hablante: la edad. En cada momento de la vida se adoptan estrategias para comunicarse y en la adolescencia se genera una tensión entre las dos formas típicas de hablar, la de la norma y la relacionada con la identidad creada individualmente.
Por eso los jóvenes siempre inventan nuevas palabras, expresiones y estructuras gramaticales, a lo cual se le suma internet como una resistente vía de expansión del lenguaje. Los lingüistas analizan ya la manera en que el uso del lenguaje de internet afectará la ortografía y los conocimientos gramaticales, pero la lengua cambia y eso no se puede detener porque las personas son quienes la modifican, los hablantes utilizan herramientas para generar un efecto comunicativo determinado.
INTERNET, MODERNIDAD REGRESIVA
El doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, Ernesto Castro, dice que este fenómeno no es nuevo, ya que la eliminación de las mayúsculas y los signos de puntuación lo introdujeron a principios del siglo XX los escritores de la corriente vanguardista, pero tiene que ver con algo todavía mucho más antiguo relacionado con la historia de la oralidad y la escritura.
Recordó que durante siglos sólo existieron las mayúsculas, no había separación entre palabras; era la entonación y la cadencia rítmica del verso lo que permitía diferenciar sustantivo, adjetivo o verbo de su sujeto; con la transformación de los alejandrinos, ’de una memoria oral a una literatura escrita’, se incorporaron elementos como espacios o signos de puntuación para generar pausas hasta entonces innecesarias en la literatura oral. El internet trajo un regreso a esa oralidad arcaica donde el uso del ritmo y la importancia de la musicalidad hacen prescindibles los signos de puntuación, porque hay fluidez en el texto que va más allá de la comprensión de lo que se pone por escrito.
Por su parte, el filólogo y doctor en Enseñanza de Lenguas y Literatura por la Universidad de Barcelona, Daniel Cassany, asegura que la influencia de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías han desvirtuado el interés por escribir y que la interacción oral está sustituyendo la escrita y con ello lentamente la sociedad se está desalfabetizando, pero afirma que las formas de lectura y escritura hoy han cambiado.
Respecto a este reemplazo de la escritura por la oralidad, el diario económico y financiero de España Cinco Días dio a conocer que a partir de 2021 los grandes consorcios editoriales como Penguin Random House, Grupo Planeta, Roca y Anagrama, encauzaron sus esfuerzos hacia los audiolibros, cuyo consumo crece un 30 por ciento cada año a nivel global desde hace al menos una década, según datos de Juan Baixeras, responsable de Audible España, la plataforma de audiolibros de Amazon. El imparable impulso del audiolibro en un esfuerzo de toda la industria (editores, plataformas, escritores y narradores) ha dado como resultado que tan sólo en España la venta de este formato se haya incrementado en 80 por ciento entre 2023 y 2024.
Y el mexicano Santiago Hernández Zarauz, con maestría en edición por la Universidad Autónoma de Barcelona, plantea que esta tendencia a escuchar en lugar de leer guarda alguna similitud con las lecturas en voz alta que se realizaban en los comedores de las abadías, o con las rapsodias orales de los bardos de la Grecia antigua. La escucha de textos nunca ha sido otra cosa que común.
Cita el editor que son muchas las casas forjadoras de puros a las que se les bautizó conforme a la lectura en voz alta que los trabajadores escuchaban mientras hilvanaban el tabaco. Los puros Montecristo, Romeo y Julieta o Te amo tienen algo de esa mística sabrosa gracias a la cual muchos de los forjadores, incluso sin saber leer ni escribir, podían recitar de memoria alguna novela de Alejandro Dumas, pasajes de la vida de Napoléon Bonaparte o sonetos de Shakespeare. Lo importante es que el oyente sienta esa intraducible sensación de sorpresa y descubrimiento que provoca la lectura de un buen párrafo.