La noche quedó atrás - EN LAS NUBES - Álvaro Obregón -

EN LAS NUBES

La noche quedó atrás

Carlos Ravelo Galindo

La noche quedó atrás

Cultura

Enero 01, 2022 21:21 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › Club Primera Plana

Son múltiples los aspectos que contiene este día, dentro del tiempo navideño en que celebramos el misterio de la encarnación del
Hijo de Dios:
Octava de Navidad, circuncisión y nombre de Jesús, maternidad divina de María, jornada mundial de la paz y comienzo de un nuevo año...
Ahora que lo iniciamos, ¿qué vamos a regalarle a nuestro mundo?
Quizá manejar con más calma. Posiblemente no prestarnos a la corrupción. Ni siquiera la más mínima ’mordida’, que no hace daño a nadie.
Podría ser también respetar los semáforos o no tirar la basura en la calle.
Cosas como esas que parecen insignificantes son propósitos excelentes con los que podemos hacer mejor nuestra vida y de los demás.
Por ello, nos apetece compartir un brindis, acorde a todo.
Y que mejor que del vate Guillermo Aguirre y Fierro.
Nosotros cuando don Héctor Martínez Serrano grababa nuestros comentarios en XEW, don Manuel Bernal declamaba, para los cuates, El brindis del bohemio, que trae grandes recuerdos de aquellos tiempos idos.
Como regalo de año nuevo los invitamos a disfrutarlo.
’En torno de una mesa de cantina, una noche de invierno. Regocijadamente departían seis alegres bohemios. Los ecos de sus risas se escapaban.Y de aquel barrio quieto. Iban a interrumpir el impotente y profundo silencio.
El humo de olorosos cigarrillos en espirales se elevaba al cielo. Simbolizando al resolverse en nada. La vida de los sueños. Pero en todos los labios había risas.Inspiración en todos los cerebros.
Y repartidas en la mesa. Copas pletóricas de ron, whisky o ajenjo
Era curioso ver aquel conjunto, aquel grupo bohemio. Del que brotaba la palabra chusca. La que vierte veneno.Lo mismo que, melosa y delicada, la música de un verso.
A cada nueva libación. Las penas hallábanse más lejos delgrupo.
Y nueva inspiración llegaba a todos los cerebros. Con el idilio roto que venía en alas del recuerdo.
Olvidaba decir. Que aquella noche, aquel grupo bohemio. Celebraba entre risas, libaciones. Chascarillos y versos. La agonía de un año que amarguras dejó en todos lo pechos. Y la llegada, consecuencia lógica, del Feliz Año Nuevo.
Una voz varonil dijo de pronto: ¡Las doce, compañeros!
Digamos el requiescat. Por el año que ha pasado a formar entre los muertos. ¡Brindemos por el año que comienza! Porque nos traiga ensueños. Porque no sea su equipaje. Un cúmulo de amargos desconsuelos.
Brindo; dijo otra voz. Por la esperanza que a la vida nos lanza, de vencer los rigores del destino. Por la esperanza, nuestra dulce amiga. Que las penas mitiga y convierte en vergel nuestro camino.
Brindo porque ya hubiese a mi existencia puesto fin con violencia. Esgrimiendo en mi frente la venganza. Si en mi cielo de tul, limpio y divino. No alumbrara mi sino una estrella brillante, ¡mi esperanza!
¡Bravo!, dijeron todos. Inspirado esta noche has estado. Y hablaste breve, bueno y substancioso.
El turno es de Raúl; alce su copa y brinde... por Europa. Ya que su extranjerismo es delicioso.
Bebo y brindo, clamó el interpelado.
Brindo por mi pasado.Que fue de luz, de amor y de alegría. En el que hubo mujeres tentadoras. Y frentes soñadoras que se juntaron a la frente mía.
Brindo por el ayer. Que en la amargura que hoy cubre de negrura mi corazón. Esparza sus consuelos. Trayendo hasta mi mente las dulzuras de goces. De ternuras, de amores, de delicias, de desvelos.
Yo brindo; dijo Juan.
Porque en mi mente brote un torrente de inspiración divina y seductora. Porque vibre en las cuerdas de mi lira el verso que suspira
Que sonríe, que canta y que enamora.
Brindo porque mis versos cual saetas. Lleguen hasta las grietas formadas de metal y de granito. Del corazón de la mujer ingrata. Que a desdenes me mata.¡Pero que tiene un cuerpo muy bonito!
Porque a su corazón llegue mi canto.Porque sequen mi llanto sus manos que me causan embelesos. Porque con creces mi pasión me pague... ¡vamos! Porque me embriague con el divino néctar de sus besos.
Siguió la tempestad de frases vanas.Toscas y tan humanas. Que hallan en todas partes acomodo. Y en cada frase de entusiasmo ardiente.
Hubo ovación creciente y libaciones, y reír, y todo. Se brindó por la patria, por las flores. Por los castos amores que hacen de un valladar una ventana. Y por esas pasiones voluptuosas. Que el fango del placer llenan de rosas. Y hacen de la mujer la cortesana
Sólo faltaba un brindis... el de Arturo. El del bohemio puro de noble corazón y gran cabeza. De aquél que sin ambages. Declaraba que sólo ambicionaba robarle inspiración a la tristeza.
Por todos estrechado. Alzó su copa frente a la alegre tropa desbordante de risa y de contento. Los envolvió en la luz de una mirada. Sacudió su melena alborotada y dijo así, con inspirado acento.
Brindo por la mujer. Mas no por esa en la que halláis consuelo en la tristeza. Rescoldo del placer, ¡desventurados! No por esa que os brinda sus hechizos. Cuando besáis sus rizos artificiosamente perfumados.
Yo no brindo por ella, compañeros. Siento por esta vez no complaceros.
Brindo por la mujer, pero por una. Por la que me brindó sus embelesos. Y me envolvió en sus besos. Por la mujer que me meció en la cuna. Por la mujer que me enseñó de niño lo que vale el cariño.
Exquisito, profundo y verdadero.
Por la mujer que me arrulló en su brazos. Y que me dio en pedazos. Uno por uno, el corazón entero.
¡Por mi madre! Bohemios. Por la anciana que piensa en el mañana. Como en algo muy dulce y deseado. Porque sueña tal vez.
Que mi destino me señala el camino. Por el que volveré muy pronto a su lado. Por la anciana adorada y bendecida. Por la que con su sangre me dio la vida. Y ternura, y cariño. Por la que fue la luz del alma mía.
Y lloró de alegría, sintiendo mi cabeza en su corpiño
Por ella brindo yo, ¡dejad que lloré! Y en lágrimas desflore esta pena letal que me asesina. Dejad que brinde por mi madre ausente
Por la que sufre y siente que mi ausencia. Es un fuego que calcina
Por la anciana infeliz que sufre y llora. Y que del cielo implora que vuelva yo muy pronto a estar con ella.
¡Por mi madre!, bohemios. Que es dulzura vertida en la amargura. Y de mis negras noches es mi estrella.
El bohemio calló
Ningún acento profanó el sentimiento nacido del dolor y la ternura. Y pareció que sobre aquél ambiente flotaba inmensamente.
Un poema de amor y de amargura’.
Nosotros aplaudimos al autor por su poesía. Y a don Manuel Bernal, por platicarnos, frente a don Héctor Martínez Serrano, esta fecunda lozanía.
craveloygalindo@gmail.com


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