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José Antonio Aspiros Villagómez
Uno compra más libros de los que alcanza el tiempo para leer, porque después es difícil encontrarlos, pero con la esperanza de dedicarse a ellos en algún momento de la vida. Entre los varios que tengo así, está Dioses, tumbas y sabios, de C. W. Ceram, que es tan antiguo, que sirvió al destacado arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma -cuatro años mayor que yo- para concretar su vocación profesional en los años 50.
‘‘Definí mi decisión de ser arqueólogo en la prepa. Iba en segundo año y cayó en mis manos el libro Dioses, tumbas y sabios y me apasionó sobre todo la cultura egipcia y decidí que eso iba a estudiar.’
Así lo declaró a finales de 2019 al reportero de La Jornada Ángel Vargas en una amplia e interesante entrevista. Y lo cito, porque el libro, el profesor Matos y mis encuentros con él, tienen vasos comunicantes. (https://www.jornada.com.mx/ultimas/cultura/2019/11/19/matos-moctezuma-llama-a-defender-la-cultura-de-la-asfixia-presupuestal-4080.html)
El libro de Ceram lleva como subtítulo ‘La gran aventura de la arqueología’, y en forma novelada pero con datos verídicos, cuenta la historia de las exploraciones en diversos lugares del planeta, entre ellos donde se desarrollaron las culturas mesopotámica, egipcia, azteca y maya. Pero había un problema: Ceram no era arqueólogo, sino periodista.
De nacionalidad alemana, su nombre real fue Kurt Wilhelm Marek, nació en Berlín en 1915 y falleció en Hamburgo en 1972. Durante la etapa nazi fue propagandista del III Reich, y cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, disimuló su identidad con el recurso de invertir las letras del apellido Marek para convertirlo en Keram, o Ceram.
En la edición que tengo (la segunda ya) de Dioses, tumbas y sabios (Paidós, 2023), hay una pequeñísima biografía de Ceram según la cual, escribió esta obra entre 1945 y 1949 y lo volvió ’famoso en todo el mundo’; supongo que eso incomodó a los arqueólogos profesionales. ¿Cómo se atrevía un periodista, un lego, a invadir sus terrenos sin ser experto en la materia, y además tener gran éxito editorial?
En el prólogo del libro, el doctor Luis Pericot reconoce que los investigadores o especialistas suelen ’mirar con recelo toda intrusión, en su campo de trabajo, del aficionado, del literato o del reportero’. Y les ’irrita’ que un recién llegado, ’con suficiente habilidad lea unas cuantas monografías y escriba el libro’ que ellos han ’soñado muchas veces sin atreverse a realizarlo’.
Pero termina por admitir que ’la reconstrucción histórico-arqueológica’ que encontró en el libro de este intruso, ’está hecha con un cuidado y un dominio de la bibliografía moderna que asombra’. Lo cual, debió saber, era propio de quien, como periodista con el oficio suficiente, había sido crítico literario y cinematográfico, además de director de publicaciones de una empresa editorial.
El doctor Pericot suma en su prólogo otros elogios al autor y al libro que inicialmente había recibido ’con cierto despego’, y termina por proponer ’un segundo tomo que complete el que prologamos con interés no disminuido’, además de confiar en que su ’amplia difusión’ sirva de acicate para quienes antes no se habían interesado en la investigación arqueológica.
La arqueología es una ciencia apasionante de la que me gusta estar enterado y divulgar con lenguaje periodístico, que es lo mío, lo que voy acopiando y procesando. Igual me sucede con otras disciplinas como antropología, astronomía, literatura o historia. Además he tomado cursos, leído obras y asistido a muchos eventos sobre esas disciplinas.
Tuve la oportunidad de reportear las excavaciones del Templo Mayor de la Gran Tenochtitlán, de escribir sobre diversas zonas arqueológicas que conocí, de cubrir la fuente del INAH y entrevistar a reconocidos arqueólogos como el doctor Ignacio Bernal, y también de hacer una crónica en cinco o seis partes, sobre el robo de 1985 al Museo Nacional de Antropología.
En 1987 fueron publicados mis libros Los dioses secuestrados, sobre saqueo arqueológico, y El gran reportaje de los mayas. El primero lo editó la Secretaría de la Defensa Nacional en su Biblioteca del Oficial Mexicano, y el segundo la Editorial Posada, que hizo tres ediciones y luego, sin avisar al menos, lo digitalizó la Universidad de Texas.
Como descubrí que seguían buscando en redes e Internet El gran reportaje de los mayas, llegué a tener la idea de actualizarlo, luego me pareció mejor agregarle un capítulo sobre los hallazgos arqueológicos durante los trabajos del Tren Maya, y al final decidí que si la obra había tenido por tanto tiempo aceptación en su versión original, era mejor dejarla así y, con suerte y recursos, hacer algún día una reedición facsimilar.
Durante las excavaciones del Templo Mayor tras el hallazgo del monolito Coyolxauhqui, fue cuando conocí al profesor Eduardo Matos ya que él atendía a la prensa como director del Proyecto. Lo acompañé en su ingreso a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, asistí a varias de sus conferencias en otros lugares, he leído mucho de lo que escribe, y lo entrevisté para la revista En Todamérica con motivo de los 200 años de la arqueología en México.
La entrevista fue en una pequeña oficina del Museo del Templo Mayor. Esa vez le llevé al profesor Matos Moctezuma un ejemplar de El gran reportaje de los mayas y, cuando lo recibió, su reacción debe haber sido mentalmente como la del doctor Luis Pericot cuando le entregaron Dioses, tumbas y sabios para prologarlo. Serio, se puso a leerlo durante un rato, luego dijo ’¡Bueno!’ y lo guardó en un cajón. Siguió nuestra entrevista, que de tan amplia fue necesario publicarla en tres partes, porque además la contextualicé con datos adicionales que documenté. Se la entregué en fotocopias años después en el Centro de Estudios de Historia de México, y me lo agradeció públicamente ante los asistentes a la conferencia que él acababa de dictar.
Para nada quiero compararme con el exitoso C. W. Ceram, sólo que recordé esta pequeña anécdota al sentirme interpelado por lo que conocí en el prólogo del espléndido libro que el autor recomienda comenzar a leer por el capítulo IX dedicado a Egipto, y no por la primera página, pues, a su juicio, si bien la arqueología es ’una materia de extraordinario interés’, podría parecer a otros ’de las más áridas y aburridas’. Eso ya depende de las expectativas y sensibilidades de cada uno.