Antes de Tenochtitlan, el nombre de México era Huitzilin-atl: Albornoz


México-Tenochtitlan es un nombre que se debe a un culto religioso

Antes de Tenochtitlan, el nombre de México era Huitzilin-atl: Albornoz

Cultura

Diciembre 06, 2020 21:22 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
Norma L. Vázquez Alanís › Club Primera Plana

(Segunda de dos partes)

Los diversos nombres dados a la ciudad de México no se contradicen, sino que se complementan. Estudiosos de la materia afirman que el nombre era mextli-co, es decir, lugar de la Luna, por lo cual se construyó en el centro de la laguna, justo donde se reflejaba el satélite; asimismo, fue el lugar del agua o lugar de la vida.

Tal aseveró la historiadora ecuatoriana radicada en México, Alicia Albornoz, ante sus compañeros miembros de la Academia Nacional de Historia y Geografía en la segunda parte de su ponencia ‘Los nombres de la Ciudad de México’.

Dijo que nochtli, o nopal y tuna, era un símbolo muy profundo de la vida por las tunas que representaban el corazón; en la cultura nahua lo comible era bueno y por ello se alimentaban de ese fruto y de las pencas del nopal; además, el nopal y la tuna están vinculados al Sol por sus espinas.

El investigador Fernando Benítez aclara que México-Tenochtitlan es un nombre que se debe a un culto religioso, porque evoca la dualidad divina de lo masculino-femenino, expuso Albornoz con su tono pausado y cadencioso.

México-Tenochtitlan es un nombre cósmico porque incluye al Sol y a la Luna, esa dualidad celeste; en los dos nombres, México y Tenochtitlan, está implícito el de su fundador, igualmente es un nombre que incluye al agua y a la tierra.

La piedra determina lo sólido y la continuidad por la dureza del material. Todo lo relacionado con el nombre de la ciudad de México es un laberinto; el nombre de México antes de Tenochtitlan era Huitzilin-atl, es decir, el agua de los colibríes. Recordemos que, de acuerdo con las leyendas nahuas, esta ave oriunda de América ocupa un rol esencial en la cosmogonía prehispánica y se supone que fue un colibrí el que los condujo hasta Aztlán y es considerado como el ’nahual’ de la guerra, apostilló Albornoz.

Una de las leyendas sobre la fundación, narra que el águila representa al Sol y la tuna al corazón, que de capitel estaban el nopal y el águila, y que al llegar la peregrinación levantaron un pequeño templo a Huitzilopochtli, luego convertido en el Templo Mayor.

Varios historiadores opinan que quienes llegaron a la laguna eran chamanes, porque así lo indicaba su cabello suelto, pues así consta en el Códice Ramírez que fue descubierto por José Fernando Ramírez en el convento de San Francisco en 1856 y actualmente se encuentra en la colección de códices en la Sala de Testimonios Pictográficos de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, de acuerdo con datos de la mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Los nombres trazan imágenes rituales en el náhuatl, los nombres no sólo evocan el pasado y a los fundadores, sino que tienen un significado para los descendientes en la búsqueda del eje, que es privilegiar lo espiritual sobre lo material, concluyó Alicia Albornoz.

La primera parte de la charla fue dictada por la académica en octubre pasado y fue reseñada en su oportunidad con el título ’México-Tenochtitlan era un nombre cósmico: Luna y Sol’.

El programa 2020 de conferencias de la Academia Nacional de Historia y Geografía, que preside la maestra en Derecho Elizabeth Rembis Rubio, culminará con la charla ‘La imagen de la Virgen de Guadalupe vista desde la perspectiva nahua’ y será impartida también por la académica Alicia Albornoz Bueno.


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